Talleres Gestalt Counselling

El grupo, de 6 a 15 personas, se constituye en un círculo y se comienza la sesión desde el vacío. Cada persona toma un tiempo para escucharse, sentirse y cada uno expresa lo que le ocurre en ese momento, lo que siente y lo que quiere hacer. Desde este punto de partida la sesión puede tomar diversas direcciones. Es posible que el coordinador counsellor proponga un trabajo en grupo que sirva como escenario en movimiento donde emerjan asuntos inconclusos o conflictivos para cada persona, o bien cada uno pueda observar sobre sí pautas de comportamientos, maneras de sentir, de registrar los hechos en el interior y comprender algo sobre sí mismo. Todo esto puede servir como inicio para un trabajo personal.

Estos ejercicios en grupo se enfocan en diferentes direcciones para ver qué puede cada persona descubrir sobre sí misma. Algunos están orientados a la escucha interior o a la comunicación con los otros, algunos pretenden un experimento con el contacto físico, con el movimiento, con la sensibilidad, otros se convierten en viajes imaginarios a través de la fantasía o bien permiten el desarrollo de roles y personajes, permiten la dramatización, la exageración, la conexión con el cuerpo y sus sensaciones, el diálogo con partes de nosotros mismos… y todos conceden una oportunidad inmejorable para darse cuenta de cómo es nuestra existencia, para descubrirnos a nosotros mismos, revelarnos tal como somos en realidad.

Los trabajos personales en el grupo se pueden plantear en el momento que algún integrante sienta la necesidad de explorar, descubrir, aliviar un asunto confuso, inconcluso, conversaciones pendientes, relaciones insatisfactorias, rencores, rabia, dolor, expresiones reprimidas…etc. Cualquier vivencia de la vida cotidiana del presente, pasado o futuro, que sea causa de conflicto o suscite un deseo de autoconocimiento, es posible traerla al escenario que ofrece el grupo, plantearlo de alguna forma concreta y manejable que se le ocurra al terapeuta counsellor al escuchar la exposición de los hechos y la comunicación del problema.

Para esta forma manejable que toma el trabajo personal se pueden emplear todos los recursos que ofrece el grupo… hacer el trabajo en pareja, mirar a los ojos, entrar en contacto físico o todo lo contrario, ser visto y escuchado por el grupo, escuchar al grupo lo que ve, observa y siente de la persona que trabaja en el centro, explorar una acción específica que ponga en movimiento el asunto concreto que inicia el trabajo… muchas posibilidades surgen de la creatividad.

Siempre la autoridad del proceso le corresponde a la persona que decide trabajar y ella elige hasta dónde quiere llegar, es responsabilidad del terapeuta counsellor señalarle los precios que paga por las decisiones que toma, y enfrentarle a las resistencias con las que se defiende a entrar en lugares incómodos para ella, ayudándole a vivenciar lo que está evitando ver, sentir, comprender, enfocando la atención en el automatismo defensivo del carácter y que algo completamente nuevo pueda pasar.

El contacto con la experiencia propia es muchas veces evitado en el desarrollo del trabajo en el grupo. La angustia, el miedo, el dolor, la rabia, los celos… son emociones y vivencias que pueden resultar insoportables, siendo mucho más fácil y más conocido el mecanismo de la evitación del contacto con uno mismo en estos momentos y con los otros, desprovista la persona de una educación en la gestión de las emociones, le arrastra el automatismo, y se resiste a la experiencia que está presente en su organismo. Algunas pautas que promueve el coordinador counsellor del grupo están destinadas a mantener el contacto con la propia experiencia y con los otros.

  • Se sustituye la acción de juzgar a otros por la expresión de cómo me siento yo cuando el otro se expresa o qué efecto me causa la expresión del otro. Cuando quiero profundizar en mi experiencia de contacto puedo expresar mi propia fantasía sobre el otro para explorar ampliamente el efecto que me causa la intervención de otra persona.
  • Le hablamos directamente a la persona a la que nos dirigimos en lugar de hablar en tercera persona, manteniendo el contacto, y cuando expreso mi experiencia lo hago en primera persona para mantener el contacto conmigo mismo.
  • No corro a “ayudar” a una persona que llora o expresa su rabia o que entra en cualquier lugar considerado de “malestar”, exploro lo que yo siento cuando esta persona entra en ese lugar, pudiendo expresar mi vivencia cuando sea oportuno.
  • Los experimentos que se realizan en grupo no tienen una forma correcta de ser ejecutados, son todos una invitación entusiasta a que cada uno vivencie lo que realmente es en ese momento, sin expectativas, sin deberes ni obligaciones.
  • No me pregunto ni pregunto por qué, las explicaciones son una forma muy popular de evitar el contacto con mi experiencia y pertenecen a la actividad de la fantasía. Sustituimos la pregunta del porqué por la del para qué, ¿para qué me sirve este comportamiento? ¿qué estoy evitando? ¿qué ventajas obtengo con este comportamiento? Y en lugar de centrarme en lo que pienso, me tomo un tiempo para darme cuenta de mi sentir y expresarlo.

Después de una jornada de Gestalt Counselling en grupo se retoma de nuevo el círculo y cada persona dedica un tiempo a explorar su experiencia, cómo ha vivido la sesión, de qué se ha dado cuenta de sí mismo, que sabor le queda, y expresa todo lo que permanezca en su interior pendiente de ser dicho, revisa si necesita decirle algo a personas concretas y lo hace, y se cierra el grupo de esta forma sin límite de tiempo para que todo el mundo acepte su situación interior, sea de supuesto “bienestar” o de supuesto “malestar”.

 

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